Palabra, imagen, palabra…

17 febrero, 2011 No Comments

No es casualidad que una de las preocupaciones que ha rodeado a los creadores a lo largo de la historia haya sido la relación entre palabra e imagen. Y es que no solo ha sido una preocupación de los creadores, sino que la historia de las civilizaciones nos demuestra con decenas de ejemplos que el ser humano se ha situado, unas veces por azar y otras con una resuelta intención, entre el texto y el icono. En Occidente, la relación entre la escritura y la imagen siempre ha removido los sistemas políticos, las concepciones teológicas y el conocimiento humano.

Muchos escritores, teóricos del arte y filósofos se han preguntado por el origen de estas relaciones. Aquí van algunos ejemplos:

Vilém Flusser, en Una filosofía de la fotografía, dice que el ser humano en la Prehistoria, primero, conoció mediante la imagen. Luego, desarrolló la escritura ordenando las imágenes que ya tenía hasta la alta Edad Media. Más tarde, apareció la imprenta y la escritura se extendió por todos los estratos de la sociedad. Y, finalmente, terminando el siglo XIX nacen nuevas tecnologías, la fotografía y el cine, y se retoma la imagen, la denominada imagen técnica. Y en ésas es en donde nos encontramos actualmente, “pero si los textos se hacen irrepresentables”, advierte Flusser, “no quedará nada que explicar, y la historia termina. En esta crisis de los textos se han inventado las imágenes técnicas con el fin de volver a hacer representables los textos, de cargarlos de magia y superar así la crisis de la historia”.

Facundo Tomás en su Escrito, pintado: dialéctica entre escritura e imágenes en la conformación del pensamiento europeo cita el caso de Rábano Mauro que como un poeta vanguardista del siglo XX

“se ejercitaba en la poesía de una manera curiosa (inscrita en la tradición de los «carmina figurata»): escribía poemas con figuras incluidas, poemas definidos visualmente, dentro de los cuales las letras jugaban con su plasticidad para conformar dibujos que volvían a redefinir el significado de la «composición»” («De laudibus Sancta Crucis», PL 107, 139 – 265) .

Rabano Mauro, un poeta vanguardista en el siglo IX

Pero, ¿qué papel han jugado los libros en todo esto, los libros como objetos con los que poblamos las estanterías de nuestros hogares? Alberto Manguel, en su libro Una historia de la lectura, nos da algunas claves sobre este asunto. Dice que en el siglo XV

“los libros de horas estaban ricamente decorados, pero de formas distintas, según quienes fueran los clientes y cuánto pudiesen pagar.”

Estos libros se hacían a medida, del tamaño de la mano del comprador o del obsequiado, con el escudo de familia o de armas correspondiente. También podían llevar alusiones icónicas personalizadas. Añade que, a finales del siglo XV, “los ilustradores flamencos dominaban el mercado europeo y enviaban delegaciones comerciales por toda Europa para promocionar el equivalente de nuestras actuales listas de bodas”. Los libros de horas eran regalos de boda de la burguesía y más tarde de la nobleza. Asegura Manguel que el tamaño de los libros, como su decoración, era significativo de los lugares a los que pertenecían. Dice que la Iglesia católica, en el siglo V, producía libros de gran tamaño para los atriles que presidían los coros. “Permitían a los lectores seguir las palabras o las notas musicales con la facilidad de quien lee una inscripción monumental.”

Hoy, cuando los libros aún no han desaparecido en su forma tradicional, y a pesar de que muchos de nosotros seguiremos reivindicándolos, sin embargo, no deberíamos dar de lado las posibilidades que nos ofrece la tecnología. Los libros electrónicos pueden y deben convivir con el papel que tanto nos gusta oler y tocar. ¿O es que la aparición del vídeo no supuso un cambio radical para el cine tradicional? Permitió que muchos creadores se adentrasen en la imagen-movimiento y experimentasen con ella a muy bajo coste. El vídeo hoy está a la orden del día y plataformas en internet lo confirman. Y podemos disfrutar de pases privados de obras, que, de otra forma, estarían condenadas al olvido audiovisual.

Los tiempos y los espacios cambian cuando uno se sumerge en la lectura de un buen libro o descubre las líneas de una nueva figura. Entonces, el tiempo se olvida y el espacio, aunque sí pueda condicionar más al sujeto, se diluye. Tal vez lo que se escriba, se lea, se dibuje, se fotografíe o se pinte sea absolutamente racional, pero el placer de la acción es emocional. Quizá eso haya empujado al ser humano, en su devenir histórico, a enfrentarse a sí mismo, a leerse, a mirarse, en fin, a intentar conocerse.

FLUSSER, Vilém: Una filosofía de la fotografía. Síntesis, Madrid. 2001.
TOMÁS, Facundo: Escrito, pintado. (Dialéctica entre la escritura e imágenes en la conformación del pensamiento europeo). La balsa de la medusa. Madrid. 2005.
MANGUEL, Alberto: Una historia de la lectura. Alianza Editorial. Madrid. 2005.

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