Historia e historieta

13 diciembre, 2010 No Comments

LA HISTORIA. DIBUJO DE BOIZOT, GRABADO DE MASSOL.1794. Fuente Gallica.bnf.fr

La Historia siempre se ha escrito desde dos tipos de lenguajes: el visual y el textual. Si nos remontamos a las primeras manifestaciones de la escritura, podremos observar la perfecta consonancia entre signo e imagen. La escritura cuneiforme y la escritura jeroglífica se conformaron a partir de pictogramas, esto es, imágenes a modo de signos o signos gráfico-dibujísticos mediante los cuales se buscaba representar un objeto, ya fuera real o simbólico, y, en consecuencia, su concepto. Era, pues, la imagen gráfica, el dibujo llevado a su máxima síntesis, donde se establecieron los significados: a partir de un significante-imagen se condensaron los distintos significados-conceptos. Con el paso del tiempo, los pictogramas fueron evolucionando hacia una mayor abstracción, culminando en lo que hoy entendemos por los signos que conforman un alfabeto, unos signos que, a excepción del caso oriental, se alejaron drásticamente de las imágenes que fueron su origen, de ese conglomerado de imagen-texto que fueron los pictogramas.

La Historia siempre se ha escrito. No hay Historia sin documentos, sin escritura. Nuestro compañero José Manuel Duarte señalaba algo similar respecto al amor: en el amor, las cosas que no se dicen, no existen. Algo similar ocurre con la Historia: ésta no existe sin el documento escrito, sin las palabras que recojan y nombren los acontecimientos. Eso es precisamente lo que se quiere indicar con el término “Prehistoria”: aquel periodo  del que, al no existir la escritura, no se han conservado documentos textuales con los cuales proceder de forma segura al estudio, catalogación y ordenación de las aventuras y desventuras de la humanidad en el tiempo. Con el descubrimiento de eso que Platón consideró en su diálogo Fedro como pharmacon (veneno y antídoto de la memoria), la escritura, se configuró la Historia como la disciplina científica que, al tener testimonios escritos como su fuente de estudio, permitiría establecer su conocimiento y proceder sobre lo ya recogido, sobre lo ya dicho.

Alan Moore y Eddie Campbell, "From Hell",  Planeta DeAgostini, 2003.

Alan Moore y Eddie Campbell escribiendo textual y visualmente la historia del Londres de finales del siglo XIX.

Pero, pese a la importancia que la escritura tomaría para la Historia, la imagen no se desdeñaría para la ilustración de los acontecimientos históricos.  La narración de éstos no podía limitarse a su conservación documental: la imagen permitía una difusión, asimilación y propagación de los hechos históricos mucho más eficaz y directa que la conservación escrita de los mismos. Pensemos, por ejemplo, en los frisos que decoraban los templos griegos o en el ejemplo por excelencia de la historia narrada visualmente: la columna de Trajano. En los siglos siguientes, los casos continuarían, ya fueran bajo forma de relieves, esculturas exentas, cuadros históricos o retratos de personajes ilustres.

Alan Moore y Eddie Campbell, "From Hell", Planeta DeAgostini, 2003.

La situación cambiaría con el nacimiento de la fotografía: frente a la veracidad y exactitud de ésta, la imagen esculpida, pintada o ilustrada perdería su relación, hasta entonces privilegiada, con la narración visual de los acontecimientos históricos. El poder de la instantánea vino a convertir a la fotografía en el medio exclusivo de la información histórica. Los periódicos y los distintos medios de comunicación continuarían recurriendo a pintores, ilustradores y caricaturistas, pero la labor de éstos, a pesar de continuar con su función de ilustración de la actualidad histórica, pasó a ocupar el lugar de la opinión, de la interpretación, de la parodia o del chiste sarcástico del día. Frente a la “objetividad” fotográfica, episteme pura, los medios de representación figurativa que hasta entonces ilustraron la historia fueron inscritos en el ámbito de la doxa. La fotografía parecía haberse laureado con la virtud de la máxima veracidad a pesar de que detrás de la cámara, al igual que detrás del pincel, la plumilla o el lápiz, se encontraba un sujeto concreto, un modo de ver y de pensar, un enfoque particular: una subjetividad.

Alan Moore y Eddie Campbell, "From Hell", Planeta DeAgostini, 2003.

La Historia y sus secretos se narran también desde los recovecos de las viñetas

Cuando la historia encontró a la fotografía comenzó el pacto que se ha prolongado hasta nuestros días: el pacto intocable de la veracidad informativa. La historia ya no se entiende sin las imágenes fotográficas o las imágenes filmadas: el holocausto son las fotografías de los cuerpos apilados, el 11-S la secuencia hollywoodesca televisada del choque aéreo contra las Torres Gemelas… Es vox populi: una imagen vale más que mil palabras. Eso sí, no toda imagen. Sólo las imágenes procedentes de las cámaras parecen poder asignarse esa supremacía.

No es nuestra intención desde aquí menoscabar el poder informativo de semejantes imágenes ni cuestionar su veracidad y/o eficacia. Lo que se pretende es señalar que existe alguien detrás de esas imágenes; que las imágenes fotográficas o fílmicas muestran la realidad desde un punto de vista. Si bien la cámara es un mediador técnico entre el ojo humano y la realidad capturada, parece que las imágenes resultantes nacen y existen al margen de aquel que ha puesto en marcha la maquinaria al pulsar el botón. Es un individuo quien decide cuándo pulsar el disparador, cuándo comenzar y terminar de grabar, qué plano es el más acertado para registrar la realidad que abarca con su objetivo. Detrás de la cámara hay un individuo que escoge en cada momento qué, cómo, cuándo y para quién se captura. Y para escoger, no olvidemos, también hay que descartar.

Es a este punto al que queríamos llegar. ¿Por qué no acabar con la supremacía de la fotografía en la narración-construcción de la historia y comenzar a reivindicar otros medios visuales como distintos modos de aproximación y representación de la misma? Alguien podría objetar que nada es más explícito y evidente que una fotografía de cualquier conflicto bélico. Entonces… ¿cómo es que es precisamente una pintura, El Guernica de Picasso, la imagen por excelencia, la más universal, en la representación del horror de la guerra?

La autopremonición del trágico destino de las prostitutas londinenses.

Escojamos un ejemplo del mundo del cómic: la titánica obra realizada por el considerado escritor maestro de cómics Alan Moore y el dibujante Eddie Campbell, From Hell.  Esta obra no es sino el resultado de una serie de indagaciones realizadas con el mismo rigor y minuciosidad que se encuentran en las investigaciones estrictamente históricas: así se aprecia en el más que importante anexo que explica, casi viñeta por viñeta, las referencias consultadas y tenidas en cuenta a la hora de abordar el tema del libro, que no es otro que la historia de Jack el Destripador.  En estos comentarios, se aprecia que Moore ha tomado una triple actitud a la hora de enfrentarse a la documentación histórica. En algunos casos, se dedica a traducir casi de forma literal un hecho histórico comprobado o vertido en estudios rigurosos y reconocidos como válidos. En otros,  Moore asocia algunos acontecimientos históricos con otros, dando como resultado algo no demostrado pero sí plausible: una hipótesis. Finalmente, en ocasiones Moore ficciona, es decir, inventa situaciones, reconstruye y recrea los huecos de la historia de los que no se ha encontrado nada. Esta triple actitud, que no dista de los métodos propios de los historiadores, tiene como finalidad una reconstrucción lo más aproximada posible a la serie de asesinatos que conmocionaron a la Inglaterra de finales del siglo XIX y que, aún, se hallan envueltos de ciertos misterios.

Si a esta  exhaustiva documentación e interpretación de los testimonios y estudios del periodo en cuestión, sumamos la cuidada y exacta recreación que Eddie Campbell ha realizado de todas las calles, edificios, ambientes y moda del Londres decimonónico, From Hell deja de ser sólo un cómic para ser, además, un estudio histórico. Sus páginas recogen algo más que la historia del asesino: se ilustra la pobreza, la delincuencia y la situación de la prostitución en la Inglaterra de aquellos años; se aborda la masonería a través de sus ritos así como de los símbolos de esta asociación secreta  en los edificios de Londres… Sucesos, política, alta y baja sociedad, ciencia, creencias ocultas, vida cotidiana, urbanismo, arquitectura…

Si lo glorioso, aunque también tremendo, es entender que la historia tiene una arquitectura, es decir, un modo de crecimiento y distribución de la información cuyo éxito dependerá de la pericia del arquitecto así como de su equipo, Moore parece haber encontrado el medio/formato más idóneo para su narración: la arquitectura de la información visual y textual que constituyen las viñetas.

Alan Moore y Eddie Campbell, "From Hell", Planeta DeAgostini, 2003.Arquitectura de la Información. Historia e historieta

 

Alan Moore y Eddie Campbell, From Hell. Publicado por Planeta DeAgostini, 2003.

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