El cómic reversible

10 marzo, 2011 2 Comments

A principios del siglo XX el estadounidense Gustave Verbeck (1867-1937), también conocido como Verbeek, ilustra algunos periódicos y revistas de Estados Unidos, donde destacan las tiras cómicas The Upside Downs of Little Lady Lovekins and Old Man Muffaroo (1903-1905), The Terrors of the Tiny Tads (1905) y The Loony Lyrics of Lulu (1910) para el periódico New York Herald.

Las publicaciones semanales de The Upside Downs son unas ilustraciones que adentran a Lady Lovekins y a Mufffaroo en un mundo fantástico poblado por seres extraños, cuyas hazañas y aventuras parecen limitarse a unas pocas viñetas; sin embargo, al invertir la página, la historia continúa para la sorpresa del lector. De este modo los dibujos de la primera parte se transforman en otros seres u objetos en la segunda, con una trama diferente; es decir, no se trata de invertir el cómic a modo de espejo, sino que todo cobra un nuevo sentido en el momento en que es invertido.

Reconozco que cuando pensé en la posibilidad de la existencia de un cómic reversible, mi disposición nadaba en el escepticismo. A raíz de estas tiras cómicas, surgió en mí cierta curiosidad por la reversibilidad en los distintos medios de expresión artística. De hecho, la idea de lo reversible es algo que ha interesado a los intelectuales de los más dispares ámbitos científico-literarios. La referencia a estas tiras cómicas han sido la excusa para abordar casos en que los distintos lenguajes expresivos han acudido a la reversibilidad de una u otra forma, ya sea por motivos estéticos, lúdicos o científicos.

A nivel lingüístico las construcciones reversibles (palabra o frase) que permiten ser leídas de izquierda a derecha y de derecha a izquierda con el mismo significado son conocidas como palíndromos; si la palabra adquiere un distinto significado en cada lectura hablamos de palíndromo bifronte (por ejemplo zorra/arroz); en el caso de la mera transposición de letras estamos ante un anagrama (gato/toga). Este tipo de composición ha sido llevada al extremo, y seguramente bajo un estado de delirio, por Víctor Carbajo que ha llegado a construir el megapalíndromo, dotado de más de 140.000 letras y 22.000 palabras diferentes. Este juego de combinatoria lingüística ha sido un recurso por el que han demostrado cierta debilidad algunos autores de la talla de Julio Cortázar o Georges Perec. Es fácil encontrar palabras “reversibles” como reconocer, radar, seres, arenera o sometemos, además de algunos nombres propios, pero no es tan sencillo localizar ejemplos literarios de frases de una cierta extensión. Cortázar nos ha legado ingeniosos ejemplos entre sus páginas como Átale, demoníaco Caín, o me delata, o Salta Lenin el Atlas. A él se suman Juan Filloy (¿Acaso hubo búhos acá?) o Luis Torrent (Allí por la tropa portado, traído a ese paraje de maniobras, una tipa como capitán usar boina me dejara, pese a odiar toda tropa por tal ropilla).

En este sentido, el genio de la combinatoria lingüística y literaria es, sin duda, Georges Perec (1936-1982), autor de un gran palíndromo de más de 1200 palabras que vio la luz en 1969; además de crear interesantes combinaciones como lipogramas, heterogramas, anagramas, crucigramas o cronogramas, fue capaz de escribir dos obras literarias que no comparten ni una sola palabra: La disparition (1967), novela que carece de la vocal e, y Les revenentes (1971), donde la única vocal empleada es precisamente la e.

Pero no sólo nos movemos entre las viñetas de un cómic o las páginas de una novela; el juego de la reversibilidad se pasea con el mismo descaro y frecuencia por las partituras de conocidas composiciones musicales, donde el tema inicial pasa a tocarse de manera invertida en algunos momentos de la composición, como es el caso de la Appassionata (1804) de Beethoven, aspectos abordados por el historiador de la Música Antonio Gallego en su discurso de acceso a la Real Academia de San Fernando de Madrid: Música y poesía: El poema reversible.

Test de Rorschach, años 20

El cómic, la literatura y la música se han deleitado con este tipo de combinaciones estéticas, mientras que la disciplina de la Psicología se sirve de este recurso con otros fines, gracias a una figura que ha dado la vuelta al mundo por emplear una metodología que se apoya en lo reversible en cuanto imagen simétrica; se trata del método proyectivo de psicodiagnóstico creado por Hermann Rorschach (1884-1922), conocido como el “test de Rorschach”, que aparece por primera vez en 1921 y tiene una inmediata repercusión en el círculo de psicoanalistas, así como en comunidades ajenas a esta escuela. Se pretende desenmascarar la personalidad del paciente a través de las interpretaciones que le sugieren diez láminas compuestas por manchas simétricas informes sobre un fondo blanco. El paciente las contempla de forma sucesiva, y emite la interpretación que le sugiere cada una de ellas, de manera que el especialista se sirva de estas respuestas para elaborar un diagnóstico. Algunos de los criterios empleados en este método (posición, localización, forma, movimiento o color ) los encontramos en las propuestas reversibles pictóricas, musicales o literarias que hemos mencionado.

Rorschach, protagonista de WatchmenCuriosamente, la disposición de este artículo obedece también a la reversibilidad, que en aras de exponer dicho concepto en el lenguaje visual-textual del cómic, recorriendo otras disciplinas como la literatura o la música, ha venido a desembocar en el mismo punto de partida de la mano de Alan Moore, autor de Rorschach, un antihéroe que protagoniza la serie de DC Comics de 1986, Watchmen, cuyo rostro queda oculto por una máscara que tiene unos colores o manchas que aluden directamente a las láminas empleadas en los “tests de Rorschach” mencionados, y que el personaje considera su verdadera cara. El mismo Moore tampoco pudo resistirse a este atractivo recurso de la reversibilidad y en 1983 elaboró con Mike White una breve historia de apenas cuatro páginas llamada The Reversible Man, en la que un hombre atraviesa las distintas etapas de la vida de forma invertida, comenzando en la edad senil para culminar en su propio nacimiento, un tema que ha sido recientemente abordado por el séptimo arte.

Con estos ejemplos, queda a elección de cada uno entender la reversibilidad como un recurso o método aplicable de forma intencionada por el autor a la obra de arte, o bien como una cosmovisión o lectura de la natural disposición intrínseca de los mismos elementos o componentes.

 

comic VERBEEKcomic VERBEEK inverso o reverso

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2 Comments → “El cómic reversible”

  1. vyk 6 years ago  

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  2. Lavern 3 years ago  

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