Dios en persona Omnipresencia espectacular

15 diciembre, 2010 No Comments

La Asociación de críticos y periodistas de Bande Dessinée (ACBD) resolvió otorgar su Gran Premio en el reciente festival de Angoulême a la última producción del reconocido dibujante Marc-Antoine Mathieu. Nos referimos a Dios en persona. Y resulta más que interesante que el jurado, formado en parte por miembros del ámbito periodístico, haya decidido entregar el máximo galardón a un cómic cuyo argumento central es una ácida crítica a los medios de comunicación y a las estrategias publicitarias espectaculares a partir de las cuales estos medios estructuran y justifican su funcionamiento, y prolongan su omnipresencia en la sociedad de la información que los acoge y reclama.

Marc-Antoine Mathieu, "Dios en persona", Madrid, Sins entido, 2010.

.En un primer momento, y en eso reside el atractivo inicial que produce el libro desde su mismo título, el interés de la obra de Mathieu parece encontrarse en el hecho de haber dotado de una presencia real, física, a aquel que, a pesar de haber estado siempre en todas partes, no podía concebirse sino desde su imposibilidad corpórea. A lo largo de la historia, Dios ha sido algo así como el director y el apuntador de la gran tragicomedia del mundo: el único responsable de todos los movimientos de los actores, de su desarrollo y evolución en la trama de la existencia, pero también de los paisajes emocionales, sociales e históricos de la misma. Un máximo responsable que, paradójicamente, decidía quedarse en la sombra para dejar que el resultado de su pretenciosa obra fuera lo único visible.

Marc-Antoine Mathieu, "Dios en persona", Sins entido, 2010.

Logos. Mensaje divino pero también proclamas publicitarias.

Para Mathieu la cuestión parece clara: ¿por qué no sacar de una vez por todas a Dios de su “humilde” anonimato, de su invisibilidad, y dar a conocerlo en ese mundo del que es responsable? Y…¿por qué no sumergirlo en la sociedad contemporánea, con todo lo que esto significa?

Así es como Dios aterrizó en nuestro mundo y como se vio inmerso en todas las dificultades que conllevaba la vida de a pie, esto es, la vida determinada por el control numérico y la identificación forzada de la población, por el registro y la catalogación burocrática de la existencia. El pobre anciano de barbas atemporales pasaba, así, de ser la justicia universal a ser el objeto de la imperante justificación del universo que es la sociedad contemporánea. “Señor Dios, hasta ahora usted manejaba tranquilamente los números. Ahora tendrá que dar cuentas de por qué usted carece de un registro en el censo o de un número de identificación personal.”

Si bien el Padre del Universo busca zafarse de esta situación incómoda esgrimiendo lo que hasta el momento era la razón por excelencia –aquella que no tiene contestación posible-,la Causa válida por sí misma, es decir, el ser el Ser absoluto, el ser Dios o mejor, en palabras del mismo protagonista “Dios DIOS”, el asunto no será relegado a la iglesia y acatado con un simple “Amén” sino que se trasladará a los mismos tribunales. La justicia divina abandonará su institución para ser puesta en tela de juicio desde las leyes del hombre. Desde los principios ordenadores y legislativos propios de un Estado laico.

No es de extrañar que sea un francés quien plantee este ajuste de cuentas contemporáneo con la religión: fue la Francia del siglo XVIII, la Francia ilustrada, donde se terminó con la religión en nombre de la filosofía, relegándola al terreno de la superstición. En una misma línea de continuidad con la tradición cultural y filosófica francesa ha de entenderse, asimismo, el que viene a ser el tema principal planteado por Mathieu en su obra: la sociedad del espectáculo ya diseccionada y denunciada por Guy Debord en la Francia sesentayochista. Un Guy Debord que junto a sus compañeros situacionistas empleó, y no en pocas ocasiones, la bande dessinée como medio de denuncia de la espectacularización contemporánea.

Marc-Antoine Mathieu, "Dios en persona", Sins entido, 2010.

El libro de cuentas

En ese Dios de carne y hueso que imagina Mathieu, por tanto, se observan dos cuestiones derivadas del siglo que abrió la Edad contemporánea. Por un lado, la permanencia de la razón como principio inquisitorial de todas las cosas, incluso de lo irracional e inaprehensible demostrativamente. Por otro, el paroxismo al que ha llegado la sociedad industrial y mercantilista iniciada también en este siglo bajo los estandartes del progreso y las apariencias del cristal y del hierro: la sociedad del espectáculo no es sino la sociedad mediada por imágenes, la vida regida en sus relaciones por los principios económicos mercantilistas.Marc-Antoine Mathieu, "Dios en persona", Sins entido, 2010. La existencia de la virtualización de todos sus elementos y, en consecuencia, de la pasividad y enajenación de sus individuos. La serie de estrategias de publicidad y merchandising desplegadas en torno al que resulta ser el nuevo filón mediático, el Señor Dios, parecen eclipsar y deglutar todas las cuestiones que había despertado inicialmente en la población el creador del universo. Pues, finalmente, de lo que se trata, no es de ahondar en la problemática Dios sino de hacerlo subir, como la espuma, hasta la apariencia extrema: sustituir una estupefacción que pueda llevar a la reflexión por una estupefacción estupefaciente, esto es, aquella generada por la contemplación embebida e hipnótica del maremágnum mediático llamado “Dios”.

El planteamiento de Marc Antoine Mathieu puede vincularse, así, con distintas líneas delpensamiento francés.

Pero también se inserta en el contexto más reciente, el nuestro: sólo hay que echar un vistazo a los periódicos o a la televisión para caer en la cuenta de cómo la espectacularización que representa Mathieu a través del lenguaje del cómic encuentra grandes, cuando no exactos, paralelismos con la situación actual. El baño de multitudes del Dios dibujado no es sino un avatar de las avalanchas en torno al papamóvil. En ambos casos, no es sino lo mismo: el espectáculo como nueva religión. La espectacularización de las instituciones religiosas. La omnipresencia de continuas avalanchas mediáticas en torno a temas que deberían ser objeto de los más diversos y estrictos juicios.

Ratzinger pasea en su papamóvil

Marc-Antoine Mathieu, Dios en persona. Publicado por Sins entido, 2010.

, , , , , , análisis&reflexión ___o/|||, Mzn Comicteca, situaciones

Leave a Reply

Un proyecto de Wiz subvencionado por el Ministerio de Cultura